Muchas veces cometemos errores en nuestras vidas que nos apartan de Dios y nos inunda la duda de si seríamos aceptados por El nuevamente, entonces preferimos vivir ocultos en la desobediencia cuando estamos ignorando la gracia de volver a Su presencia y comenzar de nuevo. Cuando sentimos   en nuestro corazón que estamos siendo condenados por algún pecado que haya cometido, nos condenamos  por quienes somos  o como nos vemos, si somos altos o bajos, flacos o gordos etc. Nos condenamos también por el lugar donde estamos, por ejemplo estamos en un tipo de trabajo que a lo mejor no estamos a gusto o en casa no nos sentimos felices con nuestra pareja y por ende comenzamos a condenar todo lo que allí se encuentra.  También nos condenamos por lo que hacemos y mucho más por lo que dejamos de hacer.

Uno de los motivos por lo que no hablamos mucho de nuestra fe con aquellos que nos conocen bien es que ellos saben como vivimos y saben lo que hacemos y lo que hicimos. Hay condenación por el pecado, por el mal que hacemos, eso es lo que llamamos una condenación legítima y Jesús vino a resolver eso.

Muchas veces nos condenamos nosotros mismos de cosas que Dios no nos condena.  Es importante aclarar que en muchas cosas en la que nuestro corazón nos condena, Dios es mayor que nuestro viejo corazón el cual esta acostumbrado a la acusación. Muchas personas han sido perdonadas por su Fe en Jesucristo y su muerte, más sin embargo no se han perdonado así mismas.  Dios no nos acusa, el que acusa es Satanás cuando el sabe que no estamos seguros de que fuimos redimidos por Gracia.

Cuando en verdad tenemos la revelación de que somos hijos de Dios podemos ir confiadamente a los brazos de nuestro Padre y nos consolará.  El sabe que somos débiles pero su gracia nos basta.  Es lo que Satanás quiere robarnos y por eso siembra la duda en nuestro corazón para que sintamos vergüenza en vez de arrepentimiento. El nos ama y quiere redimirnos día a día.

Versículo Bíblico

1 JUAN 3:21-22

21 Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; 22 y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.

ORACIÓN: Amado Padre ayúdanos cada día a hacernos conscientes de que somos hijos tuyos y tener la revelación de tu amor, que podemos volver a tu presencia con un corazón arrepentido y que tendremos la seguridad de que somos perdonados.  Ayúdanos también a perseverar en mantenernos atentos a cuando somos tentados por aquello que ya te hemos entregado en Oración.  Muchas gracias por tu perdón y por tu pronto auxilio. Amen!!

Jennifer C.